Artículo de Ananda Castaño

Desde el mayor auge de popularidad de esta nueva ola del feminismo, que algunas llaman la cuarta, allá por 2017, las palabras «feminismo radical» o «radfem» han estado campando a sus anchas por las redes sociales. Sin embargo, en muchas ocasiones se han movido por entornos o han acompañado pensamientos que poco o nada tienen que ver con la historia del término «Feminismo Radical» y mucho menos con la práctica y el movimiento social que lo han acompañado.

En esa ágora ruidosa y a veces naïve que son las redes sociales se han movido definiciones, mantras, preceptos y hasta agendas asociadas artificiosamente a este supuesto Feminismo Radical. Pocas voces acostumbran a definir ese feminismo del que están hablando más allá de agregar un «el que va a la raíz» y seguido pasar a dar sus teorías de qué significa esa metáfora.

En este artículo examinaremos algunas ideas erróneas sobre el Feminismo Radical y daremos algunas definiciones más exactas sobre él.

El Feminismo Radical no se define por usar medidas «extremas»

    La gente más desinformada habla del Feminismo Radical pensando en un feminismo «extremista», caracterizado por la violencia. Esta visión asocia al Feminismo Radical todos los actos que podrían considerarse «vandálicos» o que usan la fuerza, pero muchos de estos actos son realizados desde la performance del feminismo liberal o incluso desde el anti-feminismo queer que se hace pasar por feminista.

    Si bien en el pasado las feministas radicales han hecho acciones que el sistema consideraría «violentas», como por ejemplo los incendios de sex-shops y videoclubs porno realizados por las Angry Women en Inglaterra en los 70 y 80, muchas feministas radicales y teóricas del Feminismo Radical se han posicionado en contra del uso de la violencia y han sido parte de movimientos pacifistas. Entre estas encontramos a figuras tan relevantes como Kate Millett o Robin Morgan.

    Además de esto, el feminismo había hecho históricamente uso de medidas «de fuerza» antes de la existencia del Feminismo Radical, como los bombardeos e incendios llevados a cabo por las suffragettes, buscando ser escuchadas pese a la total discriminación que sufrían y después del rechazo parlamentario a los primeros intentos de legalizar el voto femenino, en la década de 1910.

    TERF: insultando el feminismo radical

      A veces cuando se busca en internet el término «feminista radical» una se encuentra con el acrónimo «T.E.R.F.». Esto son las iniciales de «Trans-exclusive Radical Feminist», un término altamente falaz que viene a implicar que las feministas están excluyendo del feminismo a varones que se identifican como «mujeres trans».

      Si echamos un vistazo a la historia del feminismo veremos que el grupo que ha conformado el movimiento feminista ha sido el de las mujeres, y que los análisis feministas nacen de la experiencia de las mujeres, dando gran importancia a la socialización que recibimos desde el nacimiento, que estos hombres que se identifican como trans no sufren.

      La misma teoría del Feminismo Radical describe con exactitud un sistema de opresión que explota y daña a las mujeres pero que no sólo no lo hace a estos varones, sino que en muchas instancias también los recompensa, da beneficios y, como diría Sheila Jeffreys en Gender Hurts: El género daña, les permite llevar a cabo estas políticas trans.

      El Feminismo Radical ha sido una de las primeras voces críticas con las políticas y la ideología trans, y por eso muchas personas que están en contra de éstas se han autodenominado de manera orgullosa «TERF» o incluso feminista radical, sin serlo. Pero estar en contra de las políticas trans no significa ser feminista radical. Ser feminista radical va mucho más allá.

      Hablemos ahora de qué sí es el Feminismo Radical.

      Para eso, hemos seleccionado citas de algunas mujeres que han definido y estudiado el Feminismo Radical. Con ellas vamos a intentar trazar un pequeño mapa para orientar a la lectora.

      ¿Qué dicen las autoras e investigadoras?

        Robyn Rowland y Renate Klein:

        En el interesantísimo A Reader in Feminist Knowledge, editado por Sneja Gunea, estas autoras hacen una introducción imperdible para el apartado de «feminismo radical». Entre tantas otras cosas, aportan que:

        El feminismo radical sostiene que la opresión de las mujeres es la opresión primera y primaria. Es una teoría y una práctica independiente centrada en las mujeres, que toma como punto de partida la experiencia vital de las mujeres, haciendo lo personal político. Sostiene que los hombres oprimen a las mujeres a través del patriarcado, un sistema de estructuras, instituciones e ideología creado por hombres para poder sostener y recrear el poder de los machos y la sumisión de las hembras.

        A la vez que reconoce y acepta las diferencias entre mujeres, el feminismo radical sostiene que la opresión de las mujeres es universal, atravesando las fronteras de la raza y la clase, de modo que la «sororidad» se vuelve un concepto empoderante.(1)

        Barbara A. Crow:

        La autora de uno de los libros de referencia sobre el Feminismo Radical en la academia nos habla, en primer lugar, de que las mujeres que se llamaban a sí mismas «feministas radicales» se encuentran en un periodo de tiempo determinado (1967-1975) y en países determinados, como Estados Unidos, Canadá, Italia, Reino Unido y Australia.

        Dando los rasgos del Feminismo Radical, Crow resalta lo siguiente:

        …la característica diferenciadora clave del feminismo radical es su negativa a aceptar la categoría tradicional de «mujer» tal como ha sido definida en Occidente.(2)

        Con esta categoría tradicional no se está refiriendo a redefinir a la mujer para que también quepa en esa definición el varón, sino a negarse a aceptar una definición de lo que es una mujer basada en las narrativas misóginas, que naturalizan la construcción de la feminidad y encadenan a las mujeres a ella.
        Crow también asevera que el método definitorio del Feminismo Radical eran los grupos de auto-conciencia, grupos en los que las mujeres analizan conjuntamente su experiencia de vida para sacar conclusiones sobre sí mismas y las estructuras opresivas que las rodean.

        Bonnie Kreps:

        En el relevante libro Radical Feminism editado por Anne Koedt, Ellen Levine y Anita Rapone, podemos encontrar un artículo de 1968 Bonnie Kreps dedicado a hablar extensamente del Feminismo Radical en un momento en el que comenzaba a conformarse.

        La autora canadiense habla de sus temas clave y muestra la separación del Feminismo Radical de otros movimientos sociales, en concreto del marxismo y del «feminismo liberal» que podía encontrarse en organizaciones como la National Organization for Women (NOW).

        Este segmento [el del Feminismo Radical] por lo tanto, concentra sus análisis en instituciones como el amor, el matrimonio, el sexo, la masculinidad y la feminidad. Se opondría específica y centralmente al sexismo, más que al capitalismo (difiriendo así de las marxistas) y no estaría especialmente preocupado por la «igualdad de derechos», «el mismo salario para el mismo trabajo» y otras preocupaciones principales del segmento de NOW.
        En resumen, el feminismo radical se preocupa por el análisis de la opresión de las mujeres
        en tanto que mujeres.
        Se llama «radical» al feminismo radical porque está luchando por lograr cambios realmente fundamentales en nuestra sociedad.(3)

        Mary Daly:

        Una de las autoras más relevantes del Feminismo Radical, Mary Daly, en su obra fundamental, Gin/Ecología: La metaética del Feminismo Radical, señala otra faceta fundamental del feminismo radical: estar centrado en mujeres. Separa así, como otras teóricas, al Feminismo Radical de la búsqueda de igualdad con los hombres y resalta su capacidad de mostrar el valor y recomponer la integridad de las mujeres por sí mismas y no meramente equiparándose a los hombres.

        El feminismo radical no es reconciliación con el padre. Es más bien afirmar nuestro propio nacimiento original, nuestra fuente, movimiento y oleada de vida originales. Este hallar nuestra propia integridad original es re-membrarnos a nosotras Mismas.(4)

        Catharine Mackinnon:

        La jurista Catharine Mackinnon, famosa por su iniciativa junto con Andrea Dworkin de generar una ley contra la pornografía, caracterizaba de este modo el feminismo radical en un artículo para la revista feminista Signs en 1983:

        Por lo general se ha pensado que el feminismo contiene tendencias del feminismo liberal, del feminismo radical y del feminismo socialista. Pero del mismo modo que el feminismo socialista ha resultado a menudo en marxismo aplicado a las mujeres, el feminismo liberal a menudo ha resultado en liberalismo aplicado a las mujeres. El feminismo radical es feminismo.(5)

        Con esta definición del Feminismo Radical como feminismo, (feminismo inmodificado diría más tarde), estaría reflejando de algún modo tanto la riqueza como la innovación del paradigma feminista.

        Estos son sólo unas pinceladas de los aportes teóricos que se han hecho sobre el Feminismo Radical, pero entenderlo y conocerlo profundamente requiere sin duda de la lectura de los grandes libros de feminismo radical.

        Conclusiones

          Hecho este ejercicio de aproximación, podemos ahora delinear una caracterización del feminismo radical fiel a sus fuentes y a la experiencia de las mujeres que conformaron el movimiento.

          Pasamos ahora a delimitar rasgos clave del Feminismo Radical del siguiente modo:

            1. El Feminismo Radical parte de la conciencia de la existencia del grupo (clase o casta) de las mujeres y de la opresión que recibe este como grupo. Esta conciencia une a las mujeres en sororidad.
            2. El Feminismo Radical se centra en combatir la opresión de las mujeres en tanto que mujeres porque entiende que precede a otras opresiones y prima sobre ellas y que los análisis creados por hombres ignoran esta opresión y la mantienen vigente.
            3. El Feminismo Radical no se basa, por tanto, en teorías que no son exhaustivamente feministas. No se subordina a las nociones marxistas, liberales, etc. pues parte de un análisis propio de la realidad de las mujeres que evita sesgos misóginos incrustados en estos otros pensamientos.
            4. El Feminismo Radical genera estos análisis propios partiendo de la experiencia vital de las mujeres, especialmente a través del uso de los grupos de autoconciencia.
            5. El Feminismo Radical no ignora las diferencias entre mujeres ni las distintas opresiones que sufre cada mujer, sino que hace un análisis de todas desde un punto de vista feminista.
            6. El Feminismo Radical da valor a las mujeres en sí mismas y no las subordina a la aceptación de los hombres ni a buscar la “igualdad” en unos sistemas que son de base, de manera práctica y simbólica, misóginos. Para esto examina y critica las definiciones culturales impuestas por el patriarcado de lo que es una mujer (la feminidad y sus roles asociados) y busca definirnos desde la voz propia.
            7. El Feminismo Radical no busca hacer un revisionismo del sistema, sino acabar de raíz con sus fundamentos misóginos y establecer modos relacionales completamente distintos a los que se establecen ahora como naturales para las mujeres.

            Con estos siete puntos habríamos dado una caracterización básica del marco teórico del Feminismo Radical, que nos puede servir para conocer sus bases y para reconocerlo cuando nos lo encontremos, o para distinguir si lo que se nos está presentando como Feminismo Radical lo es o no.

            En futuros artículos hablaremos de cómo enmarcar el Feminismo Radical en nuestra actualidad y retomaremos algunas cuestiones que se han planteado en este recorrido por las autoras.

              Citas:

               

              1. Robyn Rowland y Renate D. Klein, «Introduction», en el apartado de «Radical Feminism», en A Reader in Feminist Knowledge ed. Sneja Gunew (New York: Routledge, 1991).
              2. Barbara A. Crow, «Introduction: Radical feminism», Radical Feminism: A documentary Reader ed. Barbara A. Crow, (New York: New York University, 2000).
              3. Bonnie Kreps, «Radical Feminism 1», en Radical Feminism, ed. Anne Koedt, Ellen Levine y Anita Rapone, (New York: The New York Times Book Co., 1973).
              4. Mary Daly, Gin/Ecología: La metaética del Feminismo Radical, trad. Ananda Castaño, (Sevilla: Labrys Editorial, 2023).
              5. Catharine A. Mackinnon, «Feminism, Marxism, Method, and the State: Toward Feminist Jurisprudence. Signs: Journal of Women in Culture and Society», Signs: Journal of Women in Culture and Society 1983, vol. 8, no. 4.
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